Posted by: amurillo | October 23, 2010

Retomando el camino

Saludos lectores!

 

Con gusto quiero presentarles uno de mis últimos cuentos, participante del concurso “Palabras Autónomas” en el 2010.

El otro fin de semana subiré el segundo cuento de esta serie

un saludo muy grande para todos, espero sus comentarios!

 

Encuentro rojo al final del pozo

El sonido parecía venir de todas partes a su alrededor, su cuerpo parecía inmovilizado mientras descendía por un túnel de colores y sonidos extraños que variaban su intensidad constantemente. Luego de un tiempo que no pudo calcular concretamente las paredes del túnel se tornaron rojas y lo invadió una incómoda sensación de humedad. Al final del túnel parecían concentrarse sonidos de voces y una risa infantil, finalmente  el color rojo fue reemplazado por el negro y todo se sumió en un absoluto silencio.

Lo despertó su propio grito, empapado de sudor y aferrado a las sábanas de su cama, miró a su alrededor y comprobó con alivio que se encontraba en su habitación. Con fragmentos confusos de su sueño aún aferrados a su piel como rémoras se levantó y se dirigió hacia el baño. Mientras se observaba en el espejo trataba de ajustar las imágenes de ese sueño. Pero todo lo que podía ver era la imagen de una niña pequeña sonriéndole en medio de la oscuridad, el resto del sueño permanecía como una sombra oculta a su entendimiento. De sus imágenes y sonidos sólo quedaba como rastro el temblor de su cuerpo y el terror que poco a poco cedía a la rutina matutina. Durante el baño se tranquilizó un poco pensando en la incongruencia de los sueños, en teorías aún no probadas sobre los procesos mentales al dormir. Ese antídoto lógico funcionó perfectamente y luego de una hora se encontraba en un bus dirigiéndose hacia el trabajo. Sin embargo, al recostar su rostro en el ventanal del bus, se detuvo por un segundo, y finalmente reposó su cabeza sobre el ventanal con un suspiro.

El bus avanzaba a través de la ciudad y él trataba de concentrarse en ese movimiento para recordar que estaba en ese lugar y evitar alejarse a lugares inesperados en medio del sueño, luego de unos minutos le pareció sentir un susurro muy leve en su oído, abrió sus ojos sorprendido, pero en el asiento contiguo se sentaba un hombre dormido profundamente. Sin embargo detrás de él escuchó la risa de una pequeña niña que viajaba junto a su madre. “Sara” pensó al recordar uno de sus amores del pasado “Que será de ella después de todo este tiempo” se dijo mientras limpiaba sus ojos. “Probablemente nunca me haya perdonado por lo sucedido, pero nuestras vidas debían continuar, un pequeño accidente no podía estropear nuestro futuro, nuestros planes. Además, ella también estuvo de acuerdo cuando le sugerí que abortara, de eso se trata todo esto, justamente en alguno de estos días se cumplen 7 años del día que tomamos la decisión. De eso se trata simplemente, parece ser que una parte de mi ser se siente culpable, quien lo diría, justamente después de tanto tiempo soñar con una pequeña niña” La voz que indicaba la estación cerca a su trabajo lo tomó por sorpresa y se apresuró a salir del bus.

Afuera la noche naranja de la ciudad avanzaba en medio de la soledad de las calles, del rítmico e interminable pasar de los taxis. Al interior de la discoteca el ambiente ardía con el fuego de la medianoche. David miraba a Margarita beber su trago en medio del ruido de la discoteca, observaba sus ojos claros y profundos que se fijaban en él por unos momentos y luego divagaban por la mesa y su vaso. Él miraba la piel de sus hombros blancos y descendía lentamente a través de su pecho para deleitarse fugazmente con la figura de sus senos. Acercó su rostro al de ella para que pudiera escucharlo.

—¿Habías venido aquí? —Dijo David esforzándose por hacerse escuchar por encima del ruido de la música.

—Un par de veces —Respondió ella mientras fijaba sus ojos en él —pero no había venido nunca con un hombre, solamente con mis amigas.

David sonrió ante la mentira coqueta de Margarita y se acercó un poco más para intentar besarla, ansiaba demasiado sentir el calor de su cuerpo para darle tiempo a su orgullo masculino. Se detuvo a unos pocos milímetros de su boca y acercándose a su oído le susurro “vamos a bailar un poco” mientras se levantaba y sujetaba su cintura.

En medio de la pista y sumergidos en la marea caliente del ritmo de la noche, David abrazaba el cuerpo de Margarita, sentía sus caderas apretarse contra las suyas y sus cuerpos moviéndose rítmicamente. Al abrir los ojos degustaba la belleza de su cuerpo bajo las luces de la discoteca. Era tal y como la había imaginado, se movía con una agresividad pausada, con un rápido contoneo de sus caderas que lo seducía y humedecía. Mientras ella cantaba la canción que estaban bailando, saboreaba ocasionalmente sus labios mientras lo observaba, David sonriente complementaba sus movimientos mientras extendía sus brazos sobre sus hombros y la atraía hacia él. El olor de su cuello hizo que por toda su espalda sintiera un impulso violento que lo obligó a besarlo suavemente, y con sus labios comenzar a ascender hasta llegar a su oído.

—Ha sido una excelente noche, qué te parece si terminamos de celebrar en un lugar alejado de todos —dijo David mientras continuaba bailando

Margarita se limitó a sonreír y girar su cabeza hacia atrás para besarlo profundamente en la boca.

Besó sus labios apasionadamente mientras apoyaba su cuerpo en el de ella contra la pared del pasillo del apartamento. Comenzó a ascender con sus manos ardientes a través de las piernas de Margarita, al llegar al borde inferior de su falda, ella lo detuvo con un leve movimiento y luego de besarlo en la boca le susurro al oído que tenía una sorpresa para él, que la esperara en el baño mientras ella se alistaba en la habitación. David, confundido aún por la reacción de Margarita se limitó a asentir y separarse de ella después de un último beso.

Luego de quitarse sus pantalones, abrió la llave del lavamanos y con su mano húmeda se refrescó su cabeza un poco mientras trataba de calmar su respiración. Todo parecía indicar que la noche terminaría mucho mejor de lo que esperaba. Al principio pensó que se trataba de un efecto bizarro del alcohol, y luego a través de sus pupilas dilatadas su cerebro comprendió lo que veía en el espejo, en vez de ver reflejada la pared del baño, todo se veía completamente oscuro detrás de él. Con un gran esfuerzo giró su cuerpo rápidamente, y mientras el ritmo de su respiración se aceleraba rápidamente vio a una niña pequeña al frente suyo. No podía fijar su atención en su rostro, pero predecía por su cuerpo que no tendría más de 7 años. La niña levantó el rostro hacia el suyo y entonces sus ojos se clavaron en los de él, ella sonrío levemente y pronunció con voz alegre, risueña y múltiple la palabra “Papi” mientras David sentía que estaba a punto de desvanecerse y trataba inútilmente de moverse. La niña se acercó hacia él y dirigió su atención hacia su entrepierna mientras él intentaba respirar. Enceguecido de dolor, un grito agudo e ininterrumpido nació de lo más profundo de su garganta. Margarita comenzó a golpear la puerta fuertemente mientras intentaba abrirla. David comenzó a sentir como todo a su alrededor se teñía de rojo y esas paredes rojas multiplicaban la risa de la niña y ahogaban sus gritos para siempre.

Septiembre 2010

 

 

Encuentro rojo al final del pozo

El sonido parecía venir de todas partes a su alrededor, su cuerpo parecía inmovilizado mientras descendía por un túnel de colores y sonidos extraños que variaban su intensidad constantemente. Luego de un tiempo que no pudo calcular concretamente las paredes del túnel se tornaron rojas y lo invadió una incómoda sensación de humedad. Al final del túnel parecían concentrarse sonidos de voces y una risa infantil, finalmente  el color rojo fue reemplazado por el negro y todo se sumió en un absoluto silencio.

Lo despertó su propio grito, empapado de sudor y aferrado a las sábanas de su cama, miró a su alrededor y comprobó con alivio que se encontraba en su habitación. Con fragmentos confusos de su sueño aún aferrados a su piel como rémoras se levantó y se dirigió hacia el baño. Mientras se observaba en el espejo trataba de ajustar las imágenes de ese sueño. Pero todo lo que podía ver era la imagen de una niña pequeña sonriéndole en medio de la oscuridad, el resto del sueño permanecía como una sombra oculta a su entendimiento. De sus imágenes y sonidos sólo quedaba como rastro el temblor de su cuerpo y el terror que poco a poco cedía a la rutina matutina. Durante el baño se tranquilizó un poco pensando en la incongruencia de los sueños, en teorías aún no probadas sobre los procesos mentales al dormir. Ese antídoto lógico funcionó perfectamente y luego de una hora se encontraba en un bus dirigiéndose hacia el trabajo. Sin embargo, al recostar su rostro en el ventanal del bus, se detuvo por un segundo, y finalmente reposó su cabeza sobre el ventanal con un suspiro.

El bus avanzaba a través de la ciudad y él trataba de concentrarse en ese movimiento para recordar que estaba en ese lugar y evitar alejarse a lugares inesperados en medio del sueño, luego de unos minutos le pareció sentir un susurro muy leve en su oído, abrió sus ojos sorprendido, pero en el asiento contiguo se sentaba un hombre dormido profundamente. Sin embargo detrás de él escuchó la risa de una pequeña niña que viajaba junto a su madre. “Sara” pensó al recordar uno de sus amores del pasado “Que será de ella después de todo este tiempo” se dijo mientras limpiaba sus ojos. “Probablemente nunca me haya perdonado por lo sucedido, pero nuestras vidas debían continuar, un pequeño accidente no podía estropear nuestro futuro, nuestros planes. Además, ella también estuvo de acuerdo cuando le sugerí que abortara, de eso se trata todo esto, justamente en alguno de estos días se cumplen 7 años del día que tomamos la decisión. De eso se trata simplemente, parece ser que una parte de mi ser se siente culpable, quien lo diría, justamente después de tanto tiempo soñar con una pequeña niña” La voz que indicaba la estación cerca a su trabajo lo tomó por sorpresa y se apresuró a salir del bus.

Afuera la noche naranja de la ciudad avanzaba en medio de la soledad de las calles, del rítmico e interminable pasar de los taxis. Al interior de la discoteca el ambiente ardía con el fuego de la medianoche. David miraba a Margarita beber su trago en medio del ruido de la discoteca, observaba sus ojos claros y profundos que se fijaban en él por unos momentos y luego divagaban por la mesa y su vaso. Él miraba la piel de sus hombros blancos y descendía lentamente a través de su pecho para deleitarse fugazmente con la figura de sus senos. Acercó su rostro al de ella para que pudiera escucharlo.

—¿Habías venido aquí? —Dijo David esforzándose por hacerse escuchar por encima del ruido de la música.

—Un par de veces —Respondió ella mientras fijaba sus ojos en él —pero no había venido nunca con un hombre, solamente con mis amigas.

David sonrió ante la mentira coqueta de Margarita y se acercó un poco más para intentar besarla, ansiaba demasiado sentir el calor de su cuerpo para darle tiempo a su orgullo masculino. Se detuvo a unos pocos milímetros de su boca y acercándose a su oído le susurro “vamos a bailar un poco” mientras se levantaba y sujetaba su cintura.

En medio de la pista y sumergidos en la marea caliente del ritmo de la noche, David abrazaba el cuerpo de Margarita, sentía sus caderas apretarse contra las suyas y sus cuerpos moviéndose rítmicamente. Al abrir los ojos degustaba la belleza de su cuerpo bajo las luces de la discoteca. Era tal y como la había imaginado, se movía con una agresividad pausada, con un rápido contoneo de sus caderas que lo seducía y humedecía. Mientras ella cantaba la canción que estaban bailando, saboreaba ocasionalmente sus labios mientras lo observaba, David sonriente complementaba sus movimientos mientras extendía sus brazos sobre sus hombros y la atraía hacia él. El olor de su cuello hizo que por toda su espalda sintiera un impulso violento que lo obligó a besarlo suavemente, y con sus labios comenzar a ascender hasta llegar a su oído.

—Ha sido una excelente noche, qué te parece si terminamos de celebrar en un lugar alejado de todos —dijo David mientras continuaba bailando

Margarita se limitó a sonreír y girar su cabeza hacia atrás para besarlo profundamente en la boca.

Besó sus labios apasionadamente mientras apoyaba su cuerpo en el de ella contra la pared del pasillo del apartamento. Comenzó a ascender con sus manos ardientes a través de las piernas de Margarita, al llegar al borde inferior de su falda, ella lo detuvo con un leve movimiento y luego de besarlo en la boca le susurro al oído que tenía una sorpresa para él, que la esperara en el baño mientras ella se alistaba en la habitación. David, confundido aún por la reacción de Margarita se limitó a asentir y separarse de ella después de un último beso.

Luego de quitarse sus pantalones, abrió la llave del lavamanos y con su mano húmeda se refrescó su cabeza un poco mientras trataba de calmar su respiración. Todo parecía indicar que la noche terminaría mucho mejor de lo que esperaba. Al principio pensó que se trataba de un efecto bizarro del alcohol, y luego a través de sus pupilas dilatadas su cerebro comprendió lo que veía en el espejo, en vez de ver reflejada la pared del baño, todo se veía completamente oscuro detrás de él. Con un gran esfuerzo giró su cuerpo rápidamente, y mientras el ritmo de su respiración se aceleraba rápidamente vio a una niña pequeña al frente suyo. No podía fijar su atención en su rostro, pero predecía por su cuerpo que no tendría más de 7 años. La niña levantó el rostro hacia el suyo y entonces sus ojos se clavaron en los de él, ella sonrío levemente y pronunció con voz alegre, risueña y múltiple la palabra “Papi” mientras David sentía que estaba a punto de desvanecerse y trataba inútilmente de moverse. La niña se acercó hacia él y dirigió su atención hacia su entrepierna mientras él intentaba respirar. Enceguecido de dolor, un grito agudo e ininterrumpido nació de lo más profundo de su garganta. Margarita comenzó a golpear la puerta fuertemente mientras intentaba abrirla. David comenzó a sentir como todo a su alrededor se teñía de rojo y esas paredes rojas multiplicaban la risa de la niña y ahogaban sus gritos para siempre.

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Responses

  1. Mmm, no sé, siento que le falta “alma”; además, en ocasiones caés en muchos pleonasmos.

  2. Bueno, bueno…
    Está muy interesante el tema, lo que es el remordimiento nooo??
    Cagada pero lo hace meditar sobre el tema.

  3. Esta chevere pero concuerdo con Alvaro, le hace falta un algo


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