Posted by: amurillo | November 7, 2010

Equinoccio

Les presento el segundo cuento que participó en el concurso de Palabras Autónomas, en esta ocasión la creación de este cuento requirió definir un marco conceptual que justifica algunos de los fenómenos y situaciones que se presentan. La creación de ese marco conceptual fue un ejercicio propio para asegurar la coherencia del cuento. Este marco  no se encuentra explícitamente demarcado en el cuento, ya que sus personajes sólo podrían adivinar lo que ocurrió en él.

Equinoccio

You raise up your head,

And you ask, is this where it is?

And somebody points to you and say  its his

Ballad of a thin man, Bob Dylan

Golpeó de nuevo los barrotes mientras maldecía gritando hacia el pasillo de su celda. El eco del estruendo recorrió todo el pasillo y se reflejo varias veces por todo el lugar, escuchó inmediatamente los pasos de las botas de la guarda de turno aproximándose. La guarda vociferó una amenaza afuera de los barrotes mientras con su bolillo los golpeaba fuertemente. Tomás se limitó a recostarse en su catre y sonreír. Al principio había intentado consolarse comentándose a sí mismo que todo era una equivocación, que naturalmente él era inocente y que encontrarse allí era un mero juego del azar y que en cuestión de pocas semanas se solucionaría todo. Ahora le parecían muy lejanos esos días. Estaba encerrado allí porque alguien lo necesitaba para salvar su propio cuello. “Maldita desgraciada” pensó “Si algún día salgo, ella será la primera en pagarme todo lo que me han hecho en este lugar, y luego iré a buscar a  los infelices que me utilizaron para cuidar sus propias espaldas” El hombre volvió a sonreir y empezó a silbar una melodía que recordaba a medias. La débil luz de la luna que entraba a la celda, iluminaba su piel morena y hacía resplandecer su sonrisa.

 

Una gota de sudor rodó por su frente, arriba, el sol calcinante descendía sobre los hombros de Luis a la salida de la estación. Indiferente e incluso alegre por el clima inclemente sobre su cabeza continuaba interpretando su canción en el saxo con sus ojos cerrados. A ambos lados continuaba el constante y anónimo flujo de personas coloridas y  ocasionalmente una moneda caía sobre el recipiente que tenía el hombre para recoger sus monedas. A pesar de tener sus ojos cerrados y estar profundamente sumido en la interpretación de su canción sintió que era observado por alguien fijamente. Antes de abrir sus ojos para comprobar de quién se trataba imaginó algún empleado de la empresa de transporte que quizás había recibido queja de algún insípido transeúnte o incluso algún policía molestando con las paranoicas e inútiles requisas. Sin embargo, al abrir sus ojos vio a una mujer delgada y de cabello castaño que tenía sus ojos fijos en él. La mujer al ver que él había abierto los ojos pareció turbarse y mientras pronunció un torpe saludo, él alcanzó a observar como sus mejilla se ruborizaban un poco.

 

Francisco cerró la puerta detrás suyo con un rápido movimiento e ingresó a su apartamento y se dirigió a la cocina. Empezó a preparar su hookah y mientras lo hacía miró la pantalla de su celular, no había ninguna llamada o mensaje reciente. “Parece ser que esta vez es definitivo” pensó mientras abría el grifo de agua para la hookah. Eventualmente había imaginado que terminaría justamente así, que ese atardecer a través de sus ventanas no sería sólo un evento repetido y simple que marcaba el final de un día, sino como un símbolo de una serie de decisiones que había tomado en el pasado y que ahora parecían cernirse sobre él. Casi se rio de la forma cómo iba desencadenándose todo a su alrededor, como si desde el principio supiera que ese sería su destino y ahora simplemente se limitara a jugar en el papel que le había sido destinado. Fácil pensarlo aceptarlo de esa manera, pero algo en su interior se inquietaba al revisar su situación actual y lo precario que parecía ser su futuro en ese momento. Los carbones brillaron en la estufa y Francisco los bajo para ponerlos sobre la cerámica. En ese momento sonó su celular.

 

Lo atraía la idea de que el sufrimiento podría unir a los hombres, había discutido sobre ese tema con su compañero de celda durante las interminables horas de prisión. Ahora, en medio de la humedad de su celda y la inexplicada ausencia de su compañero, que seguramente sería reemplazado prontamente, se reía de sus propias ideas. Al parecer no eran más que el fruto de los anhelos de un reo que en medio de ese aislamiento y tedio pretendía aún pertenecer a una comunidad que conviviera con él en el silencio, en la insoldable oscuridad de las otras celdas e incluso en alguna melodía distraída que los inflexibles guardas entonaran a la luz de esa luna. Se acercó al improvisado cajón donde guardaba sus cosas y extrajo de allí su vieja harmónica. Le gustaba tocarla un poco antes de dormir. Ya se había acostumbrado a su sonido un poco ronco y cansado producto de muchos meses sufriendo la humedad del lugar y el óxido que increíblemente parecía ganar terreno día a día, imaginaba que lo mismo ocurría con su alma en ese lugar, poco a poco cedía ante una presión invisible, insoldable, escondida en las sombras del atardecer que recorrían los altos muros del lugar y poco a poco dejaban huellas, quizás imborrables, en su rostro.

 

En el silencio de su elevado apartamento, el único sonido que reinaba era el burbujear del agua en la hookah. Cerrando sus ojos se concentró en como su propia respiración iluminaba los carbones y como el humo descendía lentamente por su garganta para reposar tibiamente en su cuerpo. Recordó el rostro de ella unas horas atrás, las lágrimas descendiendo por su mejilla y sus palabras en el teléfono hace unos instantes. Observó el ocaso a través de la ventana, el sol rojizo, desprendía sus últimas luces sobre las calles y edificios de la ciudad. Su tono de voz había cambiado mucho en su última llamada —pensó mientras se incorporaba— ella rápidamente lo estaba asimilando todo y lo que antes intuía como tristeza en su voz ahora parecía ser resignación y rabia. En medio de su solead casi se alegró de escuchar el timbre en su puerta.
Contó las monedas de su recipiente y mientras las guardaba una sombra a sus pies llamó su atención. La mujer delgada lo miraba con una sonrisa y dos vasos en su mano. Sonriendo recibió uno de ellos y mientras lo hacía miraba con verdadera alegría los labios sonrientes de la mujer. Se sentaron cerca a una fuente y se limitaron a escuchar el sonido del agua por unos segundos.

—No sé si le digan esto muy a menudo, pero su melodía en esa calle parece un poco al sonido de esta fuente— Dijo la mujer lentamente, tratando de romper la barrera que hay entre dos personas completamente desconocidas

—¿Cómo la fuente eh? —Repitió Luis en un tono un poco altanero —Casi, pero existe una diferencia entre los dos, la fuente fue puesta aquí, mientras yo escogí ese lugar para tocar, escogí mi melodía y empecé a tocar; a decir verdad siento un poco de pena por esa fuente condenada a un solo sitio en medio de este enorme lugar.

—¿Pero, en caso de no hacerlo usted de qué viviría?

—¿Vivir? Muchas personas son tan desafortunadas que viven de sus trabajos, mi saxo no sólo es un medio para subsistir, también es la fuente de mi felicidad en medio de este caos gris y soleado.

—No lo entiendo —repitió ella — ¿Está usted diciendo que es afortunado en medio de todo esto?

—Podría explicárselo con palabras, pero resultaría torpe e incomprensible, permítame tocar una canción para usted.

 

Dejó de tocar por un momento y miro por unos instantes el pasillo. Poco a poco comenzaba a recordar la melodía, eso lo hizo alegrarse profundamente. Su lucha al interior de esa celda no era solamente una lucha contra la soledad, sino también una lucha contra el olvido. Si aún podía recordar esa canción, aún conservaba una parte de sí mismo intacta, una parte que quizás lograra establecer ese puente en el que pensaba hace unos momentos. Quizás mientras tocaba lograría encontrar esa puerta perdida que no podía verse, que no podía tocarse y que tan sólo podía vislumbrar en sueños. Sentía viva su condición de prisionero y su deseo de libertad se convirtió en aire en sus pulmones y ese aire empezó a ascender por sus pulmones y entonó con verdadera ahínco, casi con alegría su melodía. Los suaves sonidos inundaron los pasillos y esta vez, por primera vez en muchas noches, la guarda parecía no inmutarse por el sonido de la harmónica. Sintió la harmónica caliente y viva entre sus manos, sintió como si la cárcel a su alrededor se derrumbara y una luz hermosa comenzara a inundar el lugar a envolverlo mientras entonaba su canción y sus oídos no solamente escuchaban la música, sino que la respiraban y bebían de ella como un oasis en medio de un desierto, deseó que ese momento no terminara nunca, sintió que si su vida terminara en ese preciso instante, reiría a carcajadas por toda la eternidad. Una delgada lágrima comenzó a descender por su mejilla.

 

Carlos no comprendía, simplemente era inevitable. Aún ardían los carbones en la hookah y se sentó de nuevo en el sillón. En aquel instante su amigo debería estar alejándose de allí maldiciéndolo. Pero no importaba ahora, había dedicado su vida a erigir esa torre y no iba a permitir que se derrumbara por las circunstancias. Incluso si para protegerla hubiera tenido que aceptar la oferta de aquel hombre, hubiera tenido que aceptar aquel dinero manchado de sangre que salvaría su empresa. Ellos no habían sentido su dolor e impotencia al ver como poco a poco se desvanecía su sueño, ellos no habían vivido las noches de desesperación que había sentido él después de las frustrantes reuniones con sus socios, después de las conversaciones con los malditos banqueros, ellos no podían entenderlo y por eso le recriminaban lo que hacía; tal y como había pensado hace mucho tiempo, tendría que continuar su camino en soledad. Pero no importaba, estaba convencido que así estaba sellado su destino y pensaba cumplirlo cabalmente. Tomó la manguera de su hookah y empezó a aspirar de nuevo. Desde el interior de la pecera de agua se formaba el humo que ahora descendía por sus pulmones a través de la manguera. Desde ese interior transparente se forjaba el aire que respiraba y sentía que entraba en comunión con su hookah, imaginaba que con ella cerraba un ritual que lo purificaba y le permitía avanzar. La manguera parecía arder en sus manos y  él sentía que escapaba en el humo que salía por la ventana que Carlos había abierto. Le pareció que podría ser libre ahora que se libraba de la carga de sus amigos para sellar su destino. Miró hacia el cielo y observó un bellísimo color púrpura que envolvía todo su ser. Se sintió completamente feliz en esos instantes, completamente lleno de una vitalidad que nunca había imaginado. Se sorprendió en ese momento al escuchar una nota horrible proveniente de una harmónica, casi grito de terror al sentir que era él quien tocaba esa nota y que en sus manos tenía un instrumento que nunca había tocado, se arrojó desesperado contra los barrotes y los golpeó con sus manos, gritaba frenéticamente, mientras golpeaba los barrotes y sus gritos se ahogaban ahora en un llanto entrecortado. Unos pasos de botas se acercaban por el pasillo y lo inundó un profundo terror.

 

Mientras tanto, en algún punto inalcanzable de la realidad para Francisco un hombre moreno le sonreía a una mujer al lado de una fuente. La mujer lo miró extrañada y él reconoció en ella al rostro de su guarda, sonrió mientras arrojaba el saxo al suelo y cerraba sus puños en el cuello de aquella mujer.

 

Posted by: amurillo | October 23, 2010

Retomando el camino

Saludos lectores!

 

Con gusto quiero presentarles uno de mis últimos cuentos, participante del concurso “Palabras Autónomas” en el 2010.

El otro fin de semana subiré el segundo cuento de esta serie

un saludo muy grande para todos, espero sus comentarios!

 

Encuentro rojo al final del pozo

El sonido parecía venir de todas partes a su alrededor, su cuerpo parecía inmovilizado mientras descendía por un túnel de colores y sonidos extraños que variaban su intensidad constantemente. Luego de un tiempo que no pudo calcular concretamente las paredes del túnel se tornaron rojas y lo invadió una incómoda sensación de humedad. Al final del túnel parecían concentrarse sonidos de voces y una risa infantil, finalmente  el color rojo fue reemplazado por el negro y todo se sumió en un absoluto silencio.

Lo despertó su propio grito, empapado de sudor y aferrado a las sábanas de su cama, miró a su alrededor y comprobó con alivio que se encontraba en su habitación. Con fragmentos confusos de su sueño aún aferrados a su piel como rémoras se levantó y se dirigió hacia el baño. Mientras se observaba en el espejo trataba de ajustar las imágenes de ese sueño. Pero todo lo que podía ver era la imagen de una niña pequeña sonriéndole en medio de la oscuridad, el resto del sueño permanecía como una sombra oculta a su entendimiento. De sus imágenes y sonidos sólo quedaba como rastro el temblor de su cuerpo y el terror que poco a poco cedía a la rutina matutina. Durante el baño se tranquilizó un poco pensando en la incongruencia de los sueños, en teorías aún no probadas sobre los procesos mentales al dormir. Ese antídoto lógico funcionó perfectamente y luego de una hora se encontraba en un bus dirigiéndose hacia el trabajo. Sin embargo, al recostar su rostro en el ventanal del bus, se detuvo por un segundo, y finalmente reposó su cabeza sobre el ventanal con un suspiro.

El bus avanzaba a través de la ciudad y él trataba de concentrarse en ese movimiento para recordar que estaba en ese lugar y evitar alejarse a lugares inesperados en medio del sueño, luego de unos minutos le pareció sentir un susurro muy leve en su oído, abrió sus ojos sorprendido, pero en el asiento contiguo se sentaba un hombre dormido profundamente. Sin embargo detrás de él escuchó la risa de una pequeña niña que viajaba junto a su madre. “Sara” pensó al recordar uno de sus amores del pasado “Que será de ella después de todo este tiempo” se dijo mientras limpiaba sus ojos. “Probablemente nunca me haya perdonado por lo sucedido, pero nuestras vidas debían continuar, un pequeño accidente no podía estropear nuestro futuro, nuestros planes. Además, ella también estuvo de acuerdo cuando le sugerí que abortara, de eso se trata todo esto, justamente en alguno de estos días se cumplen 7 años del día que tomamos la decisión. De eso se trata simplemente, parece ser que una parte de mi ser se siente culpable, quien lo diría, justamente después de tanto tiempo soñar con una pequeña niña” La voz que indicaba la estación cerca a su trabajo lo tomó por sorpresa y se apresuró a salir del bus.

Afuera la noche naranja de la ciudad avanzaba en medio de la soledad de las calles, del rítmico e interminable pasar de los taxis. Al interior de la discoteca el ambiente ardía con el fuego de la medianoche. David miraba a Margarita beber su trago en medio del ruido de la discoteca, observaba sus ojos claros y profundos que se fijaban en él por unos momentos y luego divagaban por la mesa y su vaso. Él miraba la piel de sus hombros blancos y descendía lentamente a través de su pecho para deleitarse fugazmente con la figura de sus senos. Acercó su rostro al de ella para que pudiera escucharlo.

—¿Habías venido aquí? —Dijo David esforzándose por hacerse escuchar por encima del ruido de la música.

—Un par de veces —Respondió ella mientras fijaba sus ojos en él —pero no había venido nunca con un hombre, solamente con mis amigas.

David sonrió ante la mentira coqueta de Margarita y se acercó un poco más para intentar besarla, ansiaba demasiado sentir el calor de su cuerpo para darle tiempo a su orgullo masculino. Se detuvo a unos pocos milímetros de su boca y acercándose a su oído le susurro “vamos a bailar un poco” mientras se levantaba y sujetaba su cintura.

En medio de la pista y sumergidos en la marea caliente del ritmo de la noche, David abrazaba el cuerpo de Margarita, sentía sus caderas apretarse contra las suyas y sus cuerpos moviéndose rítmicamente. Al abrir los ojos degustaba la belleza de su cuerpo bajo las luces de la discoteca. Era tal y como la había imaginado, se movía con una agresividad pausada, con un rápido contoneo de sus caderas que lo seducía y humedecía. Mientras ella cantaba la canción que estaban bailando, saboreaba ocasionalmente sus labios mientras lo observaba, David sonriente complementaba sus movimientos mientras extendía sus brazos sobre sus hombros y la atraía hacia él. El olor de su cuello hizo que por toda su espalda sintiera un impulso violento que lo obligó a besarlo suavemente, y con sus labios comenzar a ascender hasta llegar a su oído.

—Ha sido una excelente noche, qué te parece si terminamos de celebrar en un lugar alejado de todos —dijo David mientras continuaba bailando

Margarita se limitó a sonreír y girar su cabeza hacia atrás para besarlo profundamente en la boca.

Besó sus labios apasionadamente mientras apoyaba su cuerpo en el de ella contra la pared del pasillo del apartamento. Comenzó a ascender con sus manos ardientes a través de las piernas de Margarita, al llegar al borde inferior de su falda, ella lo detuvo con un leve movimiento y luego de besarlo en la boca le susurro al oído que tenía una sorpresa para él, que la esperara en el baño mientras ella se alistaba en la habitación. David, confundido aún por la reacción de Margarita se limitó a asentir y separarse de ella después de un último beso.

Luego de quitarse sus pantalones, abrió la llave del lavamanos y con su mano húmeda se refrescó su cabeza un poco mientras trataba de calmar su respiración. Todo parecía indicar que la noche terminaría mucho mejor de lo que esperaba. Al principio pensó que se trataba de un efecto bizarro del alcohol, y luego a través de sus pupilas dilatadas su cerebro comprendió lo que veía en el espejo, en vez de ver reflejada la pared del baño, todo se veía completamente oscuro detrás de él. Con un gran esfuerzo giró su cuerpo rápidamente, y mientras el ritmo de su respiración se aceleraba rápidamente vio a una niña pequeña al frente suyo. No podía fijar su atención en su rostro, pero predecía por su cuerpo que no tendría más de 7 años. La niña levantó el rostro hacia el suyo y entonces sus ojos se clavaron en los de él, ella sonrío levemente y pronunció con voz alegre, risueña y múltiple la palabra “Papi” mientras David sentía que estaba a punto de desvanecerse y trataba inútilmente de moverse. La niña se acercó hacia él y dirigió su atención hacia su entrepierna mientras él intentaba respirar. Enceguecido de dolor, un grito agudo e ininterrumpido nació de lo más profundo de su garganta. Margarita comenzó a golpear la puerta fuertemente mientras intentaba abrirla. David comenzó a sentir como todo a su alrededor se teñía de rojo y esas paredes rojas multiplicaban la risa de la niña y ahogaban sus gritos para siempre.

Septiembre 2010

 

 

Encuentro rojo al final del pozo

El sonido parecía venir de todas partes a su alrededor, su cuerpo parecía inmovilizado mientras descendía por un túnel de colores y sonidos extraños que variaban su intensidad constantemente. Luego de un tiempo que no pudo calcular concretamente las paredes del túnel se tornaron rojas y lo invadió una incómoda sensación de humedad. Al final del túnel parecían concentrarse sonidos de voces y una risa infantil, finalmente  el color rojo fue reemplazado por el negro y todo se sumió en un absoluto silencio.

Lo despertó su propio grito, empapado de sudor y aferrado a las sábanas de su cama, miró a su alrededor y comprobó con alivio que se encontraba en su habitación. Con fragmentos confusos de su sueño aún aferrados a su piel como rémoras se levantó y se dirigió hacia el baño. Mientras se observaba en el espejo trataba de ajustar las imágenes de ese sueño. Pero todo lo que podía ver era la imagen de una niña pequeña sonriéndole en medio de la oscuridad, el resto del sueño permanecía como una sombra oculta a su entendimiento. De sus imágenes y sonidos sólo quedaba como rastro el temblor de su cuerpo y el terror que poco a poco cedía a la rutina matutina. Durante el baño se tranquilizó un poco pensando en la incongruencia de los sueños, en teorías aún no probadas sobre los procesos mentales al dormir. Ese antídoto lógico funcionó perfectamente y luego de una hora se encontraba en un bus dirigiéndose hacia el trabajo. Sin embargo, al recostar su rostro en el ventanal del bus, se detuvo por un segundo, y finalmente reposó su cabeza sobre el ventanal con un suspiro.

El bus avanzaba a través de la ciudad y él trataba de concentrarse en ese movimiento para recordar que estaba en ese lugar y evitar alejarse a lugares inesperados en medio del sueño, luego de unos minutos le pareció sentir un susurro muy leve en su oído, abrió sus ojos sorprendido, pero en el asiento contiguo se sentaba un hombre dormido profundamente. Sin embargo detrás de él escuchó la risa de una pequeña niña que viajaba junto a su madre. “Sara” pensó al recordar uno de sus amores del pasado “Que será de ella después de todo este tiempo” se dijo mientras limpiaba sus ojos. “Probablemente nunca me haya perdonado por lo sucedido, pero nuestras vidas debían continuar, un pequeño accidente no podía estropear nuestro futuro, nuestros planes. Además, ella también estuvo de acuerdo cuando le sugerí que abortara, de eso se trata todo esto, justamente en alguno de estos días se cumplen 7 años del día que tomamos la decisión. De eso se trata simplemente, parece ser que una parte de mi ser se siente culpable, quien lo diría, justamente después de tanto tiempo soñar con una pequeña niña” La voz que indicaba la estación cerca a su trabajo lo tomó por sorpresa y se apresuró a salir del bus.

Afuera la noche naranja de la ciudad avanzaba en medio de la soledad de las calles, del rítmico e interminable pasar de los taxis. Al interior de la discoteca el ambiente ardía con el fuego de la medianoche. David miraba a Margarita beber su trago en medio del ruido de la discoteca, observaba sus ojos claros y profundos que se fijaban en él por unos momentos y luego divagaban por la mesa y su vaso. Él miraba la piel de sus hombros blancos y descendía lentamente a través de su pecho para deleitarse fugazmente con la figura de sus senos. Acercó su rostro al de ella para que pudiera escucharlo.

—¿Habías venido aquí? —Dijo David esforzándose por hacerse escuchar por encima del ruido de la música.

—Un par de veces —Respondió ella mientras fijaba sus ojos en él —pero no había venido nunca con un hombre, solamente con mis amigas.

David sonrió ante la mentira coqueta de Margarita y se acercó un poco más para intentar besarla, ansiaba demasiado sentir el calor de su cuerpo para darle tiempo a su orgullo masculino. Se detuvo a unos pocos milímetros de su boca y acercándose a su oído le susurro “vamos a bailar un poco” mientras se levantaba y sujetaba su cintura.

En medio de la pista y sumergidos en la marea caliente del ritmo de la noche, David abrazaba el cuerpo de Margarita, sentía sus caderas apretarse contra las suyas y sus cuerpos moviéndose rítmicamente. Al abrir los ojos degustaba la belleza de su cuerpo bajo las luces de la discoteca. Era tal y como la había imaginado, se movía con una agresividad pausada, con un rápido contoneo de sus caderas que lo seducía y humedecía. Mientras ella cantaba la canción que estaban bailando, saboreaba ocasionalmente sus labios mientras lo observaba, David sonriente complementaba sus movimientos mientras extendía sus brazos sobre sus hombros y la atraía hacia él. El olor de su cuello hizo que por toda su espalda sintiera un impulso violento que lo obligó a besarlo suavemente, y con sus labios comenzar a ascender hasta llegar a su oído.

—Ha sido una excelente noche, qué te parece si terminamos de celebrar en un lugar alejado de todos —dijo David mientras continuaba bailando

Margarita se limitó a sonreír y girar su cabeza hacia atrás para besarlo profundamente en la boca.

Besó sus labios apasionadamente mientras apoyaba su cuerpo en el de ella contra la pared del pasillo del apartamento. Comenzó a ascender con sus manos ardientes a través de las piernas de Margarita, al llegar al borde inferior de su falda, ella lo detuvo con un leve movimiento y luego de besarlo en la boca le susurro al oído que tenía una sorpresa para él, que la esperara en el baño mientras ella se alistaba en la habitación. David, confundido aún por la reacción de Margarita se limitó a asentir y separarse de ella después de un último beso.

Luego de quitarse sus pantalones, abrió la llave del lavamanos y con su mano húmeda se refrescó su cabeza un poco mientras trataba de calmar su respiración. Todo parecía indicar que la noche terminaría mucho mejor de lo que esperaba. Al principio pensó que se trataba de un efecto bizarro del alcohol, y luego a través de sus pupilas dilatadas su cerebro comprendió lo que veía en el espejo, en vez de ver reflejada la pared del baño, todo se veía completamente oscuro detrás de él. Con un gran esfuerzo giró su cuerpo rápidamente, y mientras el ritmo de su respiración se aceleraba rápidamente vio a una niña pequeña al frente suyo. No podía fijar su atención en su rostro, pero predecía por su cuerpo que no tendría más de 7 años. La niña levantó el rostro hacia el suyo y entonces sus ojos se clavaron en los de él, ella sonrío levemente y pronunció con voz alegre, risueña y múltiple la palabra “Papi” mientras David sentía que estaba a punto de desvanecerse y trataba inútilmente de moverse. La niña se acercó hacia él y dirigió su atención hacia su entrepierna mientras él intentaba respirar. Enceguecido de dolor, un grito agudo e ininterrumpido nació de lo más profundo de su garganta. Margarita comenzó a golpear la puerta fuertemente mientras intentaba abrirla. David comenzó a sentir como todo a su alrededor se teñía de rojo y esas paredes rojas multiplicaban la risa de la niña y ahogaban sus gritos para siempre.

Posted by: amurillo | February 14, 2010

Preliminares

Un par de escritos para retomar poco a poco las letras y sus costumbres. Algo de experimentación en el primero de ellos, aunque de forma muy tímida, meros bocetos. Agradezco todos sus comentarios, espero tener en los próximos días algo más completo.

Escucho su sonido al caminar, inclinarse, aspirar, aspirar y aspirar una sensación blanca y pura. Una y otra  y otra y  otra vez hasta borrar por completo, por completo esa cruz que siempre, siempre suele dibujar en la mesa. Se acerca a mí lenta, apasionadamente, aún tambaleante por la nieve que asciende dentro de su cerebro.  Se acerca su pecho, se acerca su cintura, se acercan sus manos y finalmente sus dedos que me aferran firmemente, me aferran firmemente. Me toma con sus dedos, me acaricia con sus yemas y me levanta del sucio suelo. Mi color negro y mis labios rojos brillan en medio de la penumbra de la habitación. Desde aquí alcanzo a ver a esa mujer, esa mujer que duerme perdida de cansancio y cocaína. Poco a poco desliza sus dedos por mi cuerpo, por cada una de mis cuerdas, las toca primero lentamente, mientras me siente vibrar, mientras me siente gemir pálidamente. Satisfecho sonríe y me mira por unos instantes, y entonces se que va a empezar de nuevo. Conmigo disfruta como no lo hace con nadie, me toca como nunca, nunca tocará a ninguna mujer, siento como sus dedos rasgan mis cuerdas, repetidamente, rítmicamente y llevada por un frenesí casi caótico, casi desastroso empiezo a gritar, una  y otra y otra vez, hasta que su sudor empieza a bañar mi pecho.

Tomo un ultimo trago de agua. Arreglo por unos segundos mi saco negro y mi corbata azul, seco el sudor de mi frente. Me miro en el espejo y salgo al escenario.  Llevo solemnemente la trompeta en mis manos y la banda me mira con expectación. Los aplausos del escaso público apenas rompen el silencio del salón. Paseo mis ojos por el lugar, lleno de sillas viejas y ancianos sentados apaciblemente. El humo flota en toda la habitación.  La luna entra por una de esas ventanas y la ilumina a ella, me detengo por un momento a observarla mientras tomo aire. Allí está ella de nuevo, con su cigarrillo entre los dedos y mirándome fijamente. Mirando esta sombra en la que me he convertido. Tomo la trompeta en mis manos y me preparo para tocar. Espero la señal del piano que me dará vida una vez más, que me guiará por sus delicados acordes para luego darme unos segundos de libertad, estruendosa y rítmica libertad. Cierro los ojos para sentir mi música, para sentir como recorre mis venas, cierro mis ojos para olvidar  este lugar y sentir que en realidad puedo tocarla, que en realidad permanece allí.  “Mientras viva mi canción, vivirá tu recuerdo ” pienso mientras le entrego mi aliento al jazz.

Tomo un ultimo trago de agua. Arreglo por unos segundos mi saco negro y mi corbata azul, seco el sudor de mi frente. Me miro en el espejo y salgo al escenario. Llevo solemnemente la trompeta en mis manos y la banda me mira con expectación. Los aplausos del escaso público apenas rompen el silencio del salón. Paseo mis ojos por el lugar, lleno de sillas viejas y ancianos sentados apaciblemente. El humo flota en toda la habitación. La luna entra por una de esas ventanas y la ilumina a ella, me detengo por un momento a observarla mientras tomo aire. Allí está ella de nuevo, con su cigarrillo entre los dedos y mirándome fijamente. Mirando esta sombra en la que me he convertido. Tomo la trompeta en mis manos y me preparo para tocar. Espero la señal del piano que me dará vida una vez más, que me guiará por sus delicados acordes para luego darme unos segundos de libertad, estruendosa y rítmica libertad. Cierro los ojos para sentir mi música, para sentir como recorre mis venas, cierro mis ojos para olvidar este lugar y sentir que en realidad puedo tocarla, que en realidad permanece allí. “Mientras viva mi canción, vivirá tu recuerdo ” pienso mientras le entrego mi aliento al jazz.

Posted by: amurillo | December 11, 2009

retorno

¿Por qué callejón de mi alma deambulas, que mi grito no alcanza a tocarte?”

Hubo un tiempo en el que todo esto habría sido mucho más sencillo, incluso rutinario, pero ahora, cuando estos meses me separan de la costumbre, cuando el tiempo corroe poco a poco mis articulaciones siento la mezcla de vértigo e incluso asco de toda primera vez. Bastó con leer unas cuantas líneas y regresar con desesperación sobre mis pasos, para tratar de encontrar el rastro perdido, el hilo de las conversaciones que sostenía y quizás lo más importante, recordar el tono de mi propia voz al escribir, no es fácil, no resulta fácil reconocer una traición y volver a las lineas. Con mi mirada fija al suelo al pensar en el tiempo perdido, en los extraños parajes visitados y las noches en las que anhelé volver y sistemáticamente me negué, acabando con el mosquito de la nostalgia de una buena palmada.

Aquí estoy de nuevo, luego de varios meses de ausencia, luego de varios meses de permanecer callado en medio de la ciudad gris, en medio de la lluvia azul.

Posted by: amurillo | July 28, 2009

Sospechas

Siempre he desconfiado de mis facetas más visibles de la inteligencia, quizás por mi tendencia a no aceptar las cosas como me son dadas suelo confiar un poco más en ciertos impulsos que se tejen siempre debajo de la realidad. Hace algún tiempo escribí algo, que hoy mientras empiezo a escribir de nuevo me ha llamado la atención.

Diálogo entre dos amigos en cualquier lugar

  • ¿Cuántas de azúcar le ponés?

El hombre bajito deja de revolver el contenido del vaso por un momento y responde:

  • Por lo general tres

  • Entonces, ¿siempre tres? – Pregunta el hombre más alto sentado al frente

  • Sí, siempre tres

  • ¿Y no te perturba que sean siempre tres?

  • No, me gusta que sean siempre tres – Responde el hombre bajito tranquilo

  • ¿Ves? Allí está el problema, el hámster siempre será feliz si da la vuelta en una rueda bonita

  • No porque una analogía suene bien quiere decir que sea cierta. Siempre he pensado que son mutilaciones, el problema trascendental es el hastío, la costumbre

  • Yo no veo ningún inconveniente en que tengás la costumbre de tres de azúcar en tu café

El hombre bajito sonríe satisfecho al probar su café y luego de reposarlo en la mesa afirma.

    Porque en este caso es una cuestión de decisión. – Respondió el hombre bajo con una sonrisa – Cada vez que le pongo tres de café escojo ponerle tres de café. La rutina consiste precisamente en eso, en la imposibilidad de escoger…

  • O en la felicidad de una decisión que ha funcionado hasta ahora, si te molesta lo que te rodea.¿ Por qué entonces no lo cambias?

  • Porque no encuentro como hacerlo, es luchar con algo sin forma, una lucha de mosca y ventana, el cristal está allí al frente pero no encuentro como romperlo.

  • ¿La pesadilla de Sun Tzu entonces? Te estás poniendo melancólico ya, menos mal es café y no vodka lo que estás tomando. ¿Es así de profundo lo que sucede?

  • Eso es lo más curioso, no es trascendental en absoluto, en términos generales soy bastante…dichoso, simplemente es un sentimiento que me acompaña de vez en cuando.

  • Y por tus racionales medios pensás acabarlo, o mejor aún, pensás construirte otro palacio de comodidad con tus argumentos y sentarte a descansar.

  • Al principio supuse que así podría hacerlo, pero no puedo definir lo que sucede, nada en mi vida marcha mal, quizás ese es el problema, que todo lo que he deseado se cumple, pero al final queda siempre un sentimiento de vacío, una sospecha de rutina.

  • Entonces no hay nada que podás hacer por el momento, a seguir dando vueltas en la rueda y esperar porque alguien se apiade y abra la puerta, aunque eso me parece el eterno deseo por la Arcadia

  • No, tampoco, no espero que abran la puerta para liberarme en medio de un pasto verde con mucha comida, simplemente espero que abran la jaula.

  • ¿Y si el malvado infante te arroja por la ventana?

  • Pues al menos será un cambio – Dijo el hombre bajito mientras terminaba su café y se levantaba, afuera en la calle, un autobús se había detenido. Bueno, quizás lo alcance, nos vemos mañana.

Posted by: amurillo | June 1, 2009

A propósito del crepúsculo

De nuevo un post en el blog, pido disculpas por mi tiempo de inactividad,  al fin terminé el informe de tesis y otros asuntos que tenía pendientes, esta semana tengo más tiempo para escribir.

Estos son días para plantearme preguntas vinculadas conmigo, preguntas que no pueden ser respondidas a la ligera. Preguntas que evolucionan mientras pasan los días. Preguntas que incluso se manifiestan en nuestros sueños a través de imágenes confusas o nítidas según la dieta de la noche anterior. Hoy, una de esas preguntas continúa el ascenso por su propia escalera evolutiva a propósito de un artículo de revista que me llegó por casualidad (casualidad se le puede llamar a que tu mejor amiga encuentre una edición de una revista y te la regale porque conoce tus gustos).

El artículo es uno de la edición No 890 de la Gaceta. Se llama “5 razones para leer a crepúsculo” y es escrito por Ricardo Silva Romero. No voy a comentar acerca de la saga de vampiros romanticones y que brillan bajo la luz del sol, porque no he leído los libros y tampoco me interesa hacerlo. Puntualmente, una de las frases mencionadas por Ricardo Silva me hizo regresar a una de las preguntas descritas anteriormente. Silva menciona:

“A sus 36 años, ha conseguido lo que muchos escritores veteranos sueñan: lograr que 42 millones de personas, en 39 países se hayan llevado a casa un libro suyo”

Mi punto de vista, luego de leer todo el artículo, es que el comentario tiene una interpretación meramente comercial, es decir que la señora logró vender 42 millones de copias y ese es el sueño de muchos escritores veteranos. Ese comentario me hizo volver sobre la siguiente pregunta ¿Cuál es la finalidad del escritor?

Quiero empezar diciendo que la literatura para mí, al ser una manifestación artística, es puramente subjetiva y personal, confundirla con un negocio me parece algo grotesco y degradante. Como tal, no creo que muchos escritores decentes se planteen como meta hacerse millonarios con sus libros, no me malinterpreten, no estoy estimulando una especie de altruismo editorial, tan sólo que no creo que el dinero sea la motivación a la hora de escribir.

El ejercicio de escribir nace de un profundo rechazo hacia la realidad que nos rodea, pero no es un rechazo circunstancial, es algo que va más allá, algo directamente relacionado con nuestra vida y nuestro ser. Ese rechazo es la clave de todo, allí subyace el deseo imperante de crear una realidad alterna, una realidad para ver lo que no es posible ver a través de los ojos, para mostrar lo que su cotidianidad no alcanza a abarcar, para mostrar las características de nuestra personalidad que quedaron dormidas u ocultas. Al escribir liberamos nuestros propios demonios y querubines, al escribir nos liberamos de todo lo que nos rodea, sentimos que nos alejamos de esta cotidianidad simple y gris y nos acercamos un poco más a nuestra verdad fundamental, a un cuarto escondido en nuestra alma que esconde lo profundamente verdadero. Pero escribir también es un camino tortuoso, esas imágenes que nos impulsan a escribir, esa realidad que vivimos en algún sueño o que se nos presentó mientras caminábamos por allí. Esa realidad que puede llegar a ser tan bella, que la sentimos así de viva no somos capaces de plasmarla enteramente. De esos instantes está llena la historia de nuestra literatura, de sospechas de que algo quedó por decir, algo que aún no logramos expresar y se queda detrás del muro de letras que hemos construido.

El afán fundamental del escritor, es tratar de plasmar lo que sus otros ojos han visto, y hacerlo de la mejor forma posible, no de la forma más entendible, no de la forma más bella, sino de una forma completa, de una forma que abarque la realidad que ha percibido.

Escribimos entonces para dar testimonio de nuestra realidad, pero también escribimos para tratar de comprender lo que vemos, la forma como vemos. No escribimos para enriquecernos, vender lo escrito es una consecuencia de la sociedad actual, no un propósito inicial. No creo que el objetivo de muchos escritores veteranos sea llegar a millones de lectores vendiendo sus libros, yo creo que el sueño de ellos es el día en que no tengan que escribir más, simplemente porque ya no es necesario.

Posted by: amurillo | May 13, 2009

Desencuentros

Han sido días tensos, en medio de la realización de mi informe final de tesis me ha sido complejo escribir, mucha ingeniería, demasiado código que me temo puede llegar a cercenar algunas ideas que rondan mi cabeza. Sin embargo, hoy por fin recibí algo que esperaba hace bastante, son dos cuentos escritos en el 2008 para una versión del concurso literario de palabras autónomas. Por las mismas razones mencionadas anteriormente no participé en esta versión.

Considero que mi literatura no debe ser buena, aún estoy muy joven en este oficio y claro, también en la vida como para hacer algo decente y Andrés Caicedo? El tipo es punto aparte, estaba obsesionado…él es un genio. Sin embargo este es uno de los cuentos que más me gusta, uno de mis favoritos, juzguen ustedes.

Por cierto, cuando creaba al personaje femenino se me vino a la mente el personaje de Alejandra Vidal, de una novela de Ernesto Sábato, lo de enfermera debió ser una casualidad, algo asociado con esa temporada, el otro cuento para el concurso “Ïnocentes” también tiene a una enfermera, casualidades dicen algunos.

Desencuentros

Desencuentros

Al principio se cree que matar es algo divino, privilegiado. Profanar la sagrada ley, palpar todo el valor de la vida con una mano, observar un poco a la víctima mientras disfruta el precioso regalo por sus últimos instantes, todo eso gracias a nosotros. Todo eso lo hace sentir a uno poderoso, invencible, como si una oscura misión nos fuera encomendada por quién sabe qué fuerza del destino. Por esa creencia muchos han caído, el orgullo les ha pesado tanto que mientras lo sostenía, les han disparado por la espalda, o la policía ha hecho de las suyas con ellos, conocí casos de cerca. Jóvenes como yo, defraudados de una sociedad que arroja todo su lodo sobre nosotros y encima se caga de la risa y nos inculpa. Jóvenes que ante la posibilidad de responder contra todo eso y un arma en la mano no han reaccionado de la forma esperada.

Pero todo eso al principio, luego hay una coraza que lo cubre a uno, un dolor que le enseña. Se pierde el encanto de todo, pero se gana frialdad, se comprende que después de todo, esto es un negocio. Si se sobrevive hasta ese tiempo, todo puede marchar bien, los tipos dejan de ser humanos para convertirse en clientes, o sujetos o como los quiera llamar. Como puede ver, llevo algún tiempo ejerciendo, aquí se aprende el valor de la vida, de la familia, por eso toca aislarse, renunciar a algunas cosas ¿Y por qué no? Esconderse.

Me asomo con precaución a la ventana. La calle completamente desierta en medio de esta horrible noche, no hay una sola señal que indique que se aproximan. “No, quizás tarden más en encontrarme”. El gordo amarrado a la silla sigue mis movimientos con desesperación, con miedo, antes, en otros momentos, me habría alegrado esa mirada de terror, pero ahora no, porque este es otro riesgo que he tomado, uno quizás mucho peor. “Un rehén siempre sirve” solían decir algunos conocidos. Si son policías quizás, siempre he pensado yo, quizás la mínima posibilidad de escape para luego una persecución mayor, pero bueno…por ese lado queda al menos la oportunidad de vivir otro día, de sentir de nuevo este músculo latiendo con la alegría de aún estar allí, a pesar de estar en medio de todo esto.

No hay reloj en el cuarto, pero pueden medirse las horas por el cansancio en el rostro del gordo, lentamente su estado de vigía cede ante la resignación, aunque tampoco es tan tarde como para que amanezca. Según mis cálculos poco después de que amanezca deben llegar los dueños de los locales cercanos, en ese momento, aprovechar los primeros clientes para pasar desapercibido. Así gano otro día y la oportunidad de ver a Alejandra de nuevo. Me siento al lado de la silla, todo esto comienza a cansarme a mí también, no, no mantenerme atento, después de todo, otro día de trabajo.

-Sin embargo no siempre me ha gustado este negocio – El gordo levanta la mirada para observarme mientras hablo, tiembla – Antes, yo pertenecía a ese grupo de los que creen que la honradez y el trabajo le sirve a los pobres, yo era de los que creía que el estudio lo salvaba a uno de todos los males. ¿Por qué me mira así? Hace mucho, cuando terminé el bachillerato y me negaron el cupo para la pública, decidí encerrarme durante mucho en las bibliotecas, me sentía especial en medio de tantas ideas, yo, que era alguien iletrado, pobre y resentido, sin embargo la dicha no duraría mucho.

Por esos días mi madre empeoró de su enfermedad, pasaba casi todos los días en el hospital, yo tenía que cuidarla y por eso no volví a la biblioteca. Además, con la falta de atención hacia mi madre por parte del hospital, me comenzaba a hartar de todo, parecíamos mendigos en ese lugar. En una de esas tardes conocí a una de las enfermeras de turno, una mulata bajita de rostro hermoso y culo prominente, desde la primera vez que la vi me cautivó. Siempre parecía tener el control, me gustaba su tono de voz, pero ya sabe, cuando nos gusta alguien comenzamos a ver cosas que quizás no son o no entendemos. De todas formas sus ojos me parecía que guardaban una melancolía casi insoportable, una esperanza perdida hace mucho tiempo. Con todas las visitas que hacía a mi madre tuve oportunidad

de hablarle en muchas ocasiones, su nombre es Alejandra.

Durante la primera vez que hablamos hubo una conexión especial, su falta de fe y mi creciente resentimiento parecían contrastarse en cada uno de nuestros besos, en cada caricia descendente a través de su ardiente cuerpo, incluso en su aliento fuerte en las silenciosas noches del hospital. Noches donde en un cuarto de servicio nos moríamos de placer con silencios entrecortados, mientras en algún cuarto de al lado alguien moría de verdad con un prolongado suspiro.

Mi alegría por Alejandra parecía mezclarse con mi tristeza por mi madre y sólo me quedaba un sentimiento seco, algo frío que se anidaba en el corazón y me nublaba la vista. Sentía un frenético deseo de buscar a Alejandra, de usarla como escape a tanto dolor. Mis acciones comenzaron a tornarse erráticas, el placer de tenerla cerca se unía a la humillación de no hacer nada por salvar a mi madre y al final terminaba todo el día en el hospital hablando cualquier cosa con mi madre. Otros días recorría las calles sin rumbo fijo, en algunas noches me entregaba a los peores excesos, todo a expensas de mis amigos. No sé por qué le cuento esto, no crea que eso mejora su condición, en este momento no hay ningún sentimiento bueno o útil hacia usted. Quizás sólo deseo contárselo a alguien, a cualquier indefenso, a alguien que no pueda hacer nada el respecto.

Alejandra era la vida en esos días, lo único que mantenía en pie mi ser. Era la única forma de hallar calma en medio de todo eso, en las noches la amaba con violencia, de forma convulsionada, casi histérica, para luego permanecer en largos lapsos inmóvil y frío en sus brazos. Nunca me pregunto nada, nunca me dijo nada de su vida, era una enfermera, mi amante y nada más. En medio de todo eso, una mañana de Octubre, mi madre murió en el hospital sin que yo pudiera llegar a tiempo. Nunca me despedí de Alejandra. No la había vuelto a ver, hasta esta noche

El hombre me mira consternado, sus ojos muy abiertos escrutan mi rostro, se fijan en mi mirada, luego se calma, parpadea un poco y sigue mirándome. Enfurezco.

-No trate de comprender maldito imbécil! – El eco de mi grito resuena por toda la casucha, al igual que el golpe seco que recibe el tipo en su frente con mi arma, cae al piso, sangra. No trate de entender lo que sentí al dejarla así! No trate de pensar que viví hoy cuando la volví a ver, cuando comprendí quién era mi víctima, mi cliente. No trate de imaginar lo que pensó ella cuando no atiné a nada más que a balear a su inepto acompañante, luego la torpeza de intentar besarla, de salir corriendo de allí y toparme con usted en la puerta del restaurante. No intente explicarme, ni hallarle algún sentido que lo consuele, porque ya no importa. – Mis ojos se encuentran llenos de lágrimas, respiró profundamente, el tipo tiembla, deja de mirarme y cierra los ojos, me acerco a él, pero algo me detiene.

Me asomo cautelosamente a la ventana, ruido de motos aproximándose por la otra calle. “uno solo ahora, pero después vendrán otros” pienso enfurecido “nadie, nadie puede hallar una asignación, esa es nuestra única y maldita regla en medio de tanta basura”.

Esperanzado, el infeliz me mira de nuevo.

Señora, ya han mandado a alguien por mí” – afirmo mientras le apunto en la frente aún sangrante.

-”Puede hablar si quiere, puede gritar si le da la gana, ahora da lo mismo, no lo necesito más”. Después de halar el gatillo, un ruido familiar y alguna vez exquisito inunda la habitación. De repente siento un golpe en mi espalda, un profundo cansancio, frío en mis extremidades y una punzada en el pecho “Así es la vida, supongo” atino a decir en medio de mi propio charco de sangre. Mientras cierro los ojos, una mujer me sonríe.

Posted by: amurillo | April 28, 2009

Bella durmiente

Un cuento un poco viejo, he corregido algunos detalles.

Bella durmiente

Entro en la habitación y se sentó al borde de la cama. Había sido un día duro en el trabajo, deseaba poder conversar un poco con ella y relajarse, sin embargo ella dormía implacablemente a su lado. La observó durante largo tiempo y acaricio su rostro. Se dirigió a la cocina a preparar algo de comer. Al parecer ella había tenido también días pesados, parecía que todo el día había dormido. N. Preparó algo de comida para ella, quizás se levantara durante la noche y tendría hambre. Después de comer se sentó de nuevo en la cama y siguió observándola, ansiaba besarla en los labios, sentir la ternura de sus caricias y la suavidad de su voz, pero le parecía un poco agresivo besarla y acariciarla mientras dormía. Se desvistió y acostó a su lado, la rodeó con su brazo. La contempló durante largo tiempo, desde hacia mucho temía perderla. Últimamente su relación no parecía pasar muy buenos momentos, el sueño de cristal construido con la fuerza de su amor parecía derrumbarse, ante la impresionante fuerza del desencanto y la realidad. Azarosamente habían intentado en las últimas semanas rescatar lo mejor de su tiempo más feliz juntos, pero en el intento habían  corroído los gratos recuerdos que mantenían de esas épocas, ahora parecían inalcanzables. Eran intentos lamentables, ambos, desesperados, intentaban forzar los lazos de su amor, intentaban replicar las situaciones en las que se habían encantado mutuamente, hablar en el mismo tono de voz, replicar la luz de sus miradas, sonreír con la misma intensidad, pero todo era en vano, todo parecía una parodia estúpida y deprimente de su pasado feliz. En esos intentos sus últimas esperanzas eran depositadas en el sexo, pero resultaba aún más triste, bajo tal presión ni siquiera el orgasmo físico parecía llenar el vacío profundo de su alma y la necesidad de amor puro. Deprimidos se quedaban en silencio después de separarse, observándose inútilmente, tratando de tender un puente entre sus almas, pero parecía como si se vieran por primera vez, no existía ninguna reacción interior, sólo frío e impersonalidad.

Cansado se durmió rápidamente, deseando encontrarse con su amada en sueños y poder hablar con ella, ya que en la realidad parecía ser completamente impenetrable.

Al día siguiente mientras se dirigía a su lugar de trabajo, al cruzar la avenida, recordó cierta cita que había tenido con ella, mucho tiempo atrás. Eran tiempos difíciles para ambos, llenos de tensiones y preocupaciones, pero su compañía mutua era tan significativa que les otorgaba la fuerza necesaria para sonreír ante la adversidad. Era una tibia tarde Agosto, el sol moría lentamente bajo las antiguas montañas, juntos, caminaban por una avenida principal de la ciudad. El mundo parecía joven y vitalizado visto desde sus ojos, el tráfico lento en la avenida, el rostro, increíblemente sonriente, de los vendedores en las calles, el mecer de los árboles todo se movía en armonía y ellos, tomados de la mano, bebían del elíxir de su felicidad. Habían almorzado juntos y ahora disfrutaban de la tarde caminando por la ciudad. ¿Adonde habían ido a parar todas esas promesas?

Mientras caminaba se pregunto si cuando dormía soñaba con él, también cruzó por su mente el pensamiento de que quizás dormía precisamente para alejarse de él. Angustiado, corrió a casa.

Al entrar en la casa y aproximarse a la cama, allí estaba de nuevo ella, tumbada sobre la cama. La sacudió fuertemente y llenó de besos su rostro, su frente, su cuello, le susurró al oído que no quería perderla. Nada, nada absolutamente nada, después de tanto tiempo juntos tan sólo obtenía un silencio implacable. Lleno de impotencia se arrodilló a su lado a llorar. Su amor no terminaba en una infidelidad, ni en una discusión, ni siquiera en el olvido, sino en el silencio presente entre los dos. De nuevo observó su rostro y se preguntó por qué no despertaba, se acercó a ella y en un intento inútil por sentirse consolado apretó su cuerpo contra el suyo, a lo lejos sonaban sirenas aproximándose.

Un temor profundo comenzó a vagar por su interior, instintivamente, salió de la habitación y apagó todas las luces. Esperó, el sonido parecía acercarse más. Desconsolado, se tendió sobre ella.

Un golpe seco en la puerta, sus ojos desorbitados de terror evitaron mirar en esa dirección. Escuchó pasos, voces, una voz en particular lo llama, le ordena algo. Se abraza fuertemente a su amada, horrorizado, siente  como varias manos ásperas y decididas lo toman por la espalda. “No ahora no, por favor, piensa”. Las manos lo intentan alejar de ella, él forcejea, grita, recibe como respuesta varios golpes y una frase que penetra en sus oídos y rompe su manto de sueño en sus últimos días. Reconoce una insignia común en los uniformes de los hombres, vencido se arroja al piso como le ordenan. Ahora lo recuerda, todo está claro, una lágrima gélida y salada resbala por su mejilla, un pesado aire se encaja en su pecho y extingue la luz de su vida para siempre, sí ella sigue fría y él por primera vez ha sentido la fetidez de su cuerpo.

Posted by: amurillo | April 28, 2009

Gastronomia moderna

Seguramente todos hemos compartido mucho con uno que otro ulluco, sólo que nunca nos hemos percatado muy claramente de ello. No hablo de los ullucos que se dejan cocinar tranquilos y ofrecen las bondades de su alta humedad para una buena sopa o crema. Esos ullucos normalmente pálidos o flácidos tienen muy poco que ofrecer a nuestras vidas. No hablo de esos entonces, hablo de aquellos que se aferran furiosamente a los bordes de las ollas y que se queman al pasar apenas unos cortos instantes bajo el fuego.

Estos ullucos, normalmente de color ligeramente más oscuro e incluso más grandes, son excelentes para salir a pasear con ellos un día soleado. En estas circunstancias pueden ofrecer muchísimos temas de conversación tan variados como las propiedades mismas de la tierra o un gato que salta y todo vibra. Cuando se camina al lado de un ulluco, es muy normal que las demás personas al verlo lo confundan con algo más, ya que cuando se emocionan y caminan, normalmente suelen estirar sus raíces hasta proporciones muy cercanas al suelo, de esta forma asemejan mucho a un par de piernas que van a la par con nosotros.

En caso de que los dejemos solos por un rato siempre parecen mostrar la peculiar tendencia de buscar un descanso en las escaleras y quedarse allí por largos ratos mirando el horizonte. En esas condiciones es muy fácil que su color rosado se confunda con el color ladrillo de la mayoría de descansos de escaleras de esta ciudad. Por esa razón mueren a diario muchos ullucos bajo los inocentes y apáticos pies de los transeúntes. Desafortunadamente nadie se ha interesado en este tema como para medir la magnitud de tal calamidad. Cuando se plantean propuestas para realizar tales mediciones los oficinistas argumentan que es irrelevante porque son mucho mejores las propiedades gastronómicas de los ullucos. Imagino que tales oficinistas siempre se han dedicado a cocinar como es debido sus ullucos y pasar posteriormente a digerirlos sin más, sin siquiera pensar en la posibilidad de sacar uno de esa olla y guardarlo en un bolsillo un rato para que se anime y comience a andar. En todo caso, en premiaciones como la de ayer, ayer que fue un día lluvioso, fue muy conveniente que el ulluco se mantuviera aferrado a mi piel dentro del bolsillo mientras pronunciaban mi nombre. Claro que sospecho que uno de los oficinistas adivinó la causa de mi alegría por ciertos pliegues inconvenientes en mi pantalón, es por eso que el día de hoy he decidido dejarlo en casa y sólo por si acaso he cerrado las ventanas y encerrado al gato.

Posted by: amurillo | April 27, 2009

La red global

Un nuevo post luego de mi ausencia por casi dos semanas. No sólo estuve algo ocupado, sucedió algo con mi computador y escribir en uno ajeno resulta impresionantemente incómodo, muy curioso la verdad.

Les traigo una pequena (ven?) reflexión acerca de Internet, es sólo un boceto, espero ampliar más sobre el tema en próximas ocasiones. Espero sus comentarios, me ayudan muchísimo a continuar

Esta reflexión surgió cuando me uní a twitter, pueden visitar mi perfil en www.twitter.com, mi usuario es AFMurillo

La red global

El hombre es un ser social por naturaleza. Comunicarnos es una acción intrínseca a nuestras vidas. A través de miles de años hemos establecido sociedades que han prosperado y evolucionado en estructuras cada vez más complejas. La evolución de estas sociedades se ha visto marcada por el ritmo al que viaja la información en su interior. De esta forma, la aparición de la imprenta en su época representó un punto de apoyo para los profundos cambios culturales y sociales que se presentarían durante el renacimiento. Con la explosión del desarrollo tecnológico del siglo pasado también ocurrió una revolución tecnológica que permitió la aparición de una revolución en la información, estoy hablando de Internet, la red de redes. Internet nació inicialmente como un desarrollo militar en tiempos de la guerra fría, pero ahora conecta a millones de usuarios de todo el mundo.

Permanecemos conectados a través de la red, es un canal de información importantísimo en la vida de miles de personas. Aún no alcanzamos a imaginar los alcances de una red que nos permita conectarnos de esa forma. No alcanzamos a imaginar tampoco los alcances de las redes sociales que se tejen debajo, o por encima, de nuestras redes sociales tangibles. En Colombia tenemos un caso particular para citar, la marcha más grande convocada hasta el momento en contra de las FARC se realizó precisamente usando una de esas redes.

Personal y subjetivamente esta red es la máxima expresión del sentido de comunicación de los hombres, es uno de los logros más grandes de la humanidad y sin duda alguna, un punto de quiebre en nuestra historia también. No podemos negarlo, hay una red que se teje debajo de nuestras sociedades y nos mantiene comunicados, quizás a un nivel primitivo y precario, pero son sólo nuestros primeros pasos. La red mundial, esta hija de la humanidad, está evolucionando.

Y ustedes, para qué usan a la red mundial?

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