Posted by: amurillo | December 11, 2009

retorno

¿Por qué callejón de mi alma deambulas, que mi grito no alcanza a tocarte?”

Hubo un tiempo en el que todo esto habría sido mucho más sencillo, incluso rutinario, pero ahora, cuando estos meses me separan de la costumbre, cuando el tiempo corroe poco a poco mis articulaciones siento la mezcla de vértigo e incluso asco de toda primera vez. Bastó con leer unas cuantas líneas y regresar con desesperación sobre mis pasos, para tratar de encontrar el rastro perdido, el hilo de las conversaciones que sostenía y quizás lo más importante, recordar el tono de mi propia voz al escribir, no es fácil, no resulta fácil reconocer una traición y volver a las lineas. Con mi mirada fija al suelo al pensar en el tiempo perdido, en los extraños parajes visitados y las noches en las que anhelé volver y sistemáticamente me negué, acabando con el mosquito de la nostalgia de una buena palmada.

Aquí estoy de nuevo, luego de varios meses de ausencia, luego de varios meses de permanecer callado en medio de la ciudad gris, en medio de la lluvia azul.

Posted by: amurillo | July 28, 2009

Sospechas

Siempre he desconfiado de mis facetas más visibles de la inteligencia, quizás por mi tendencia a no aceptar las cosas como me son dadas suelo confiar un poco más en ciertos impulsos que se tejen siempre debajo de la realidad. Hace algún tiempo escribí algo, que hoy mientras empiezo a escribir de nuevo me ha llamado la atención.

Diálogo entre dos amigos en cualquier lugar

  • ¿Cuántas de azúcar le ponés?

El hombre bajito deja de revolver el contenido del vaso por un momento y responde:

  • Por lo general tres

  • Entonces, ¿siempre tres? – Pregunta el hombre más alto sentado al frente

  • Sí, siempre tres

  • ¿Y no te perturba que sean siempre tres?

  • No, me gusta que sean siempre tres – Responde el hombre bajito tranquilo

  • ¿Ves? Allí está el problema, el hámster siempre será feliz si da la vuelta en una rueda bonita

  • No porque una analogía suene bien quiere decir que sea cierta. Siempre he pensado que son mutilaciones, el problema trascendental es el hastío, la costumbre

  • Yo no veo ningún inconveniente en que tengás la costumbre de tres de azúcar en tu café

El hombre bajito sonríe satisfecho al probar su café y luego de reposarlo en la mesa afirma.

    Porque en este caso es una cuestión de decisión. – Respondió el hombre bajo con una sonrisa – Cada vez que le pongo tres de café escojo ponerle tres de café. La rutina consiste precisamente en eso, en la imposibilidad de escoger…

  • O en la felicidad de una decisión que ha funcionado hasta ahora, si te molesta lo que te rodea.¿ Por qué entonces no lo cambias?

  • Porque no encuentro como hacerlo, es luchar con algo sin forma, una lucha de mosca y ventana, el cristal está allí al frente pero no encuentro como romperlo.

  • ¿La pesadilla de Sun Tzu entonces? Te estás poniendo melancólico ya, menos mal es café y no vodka lo que estás tomando. ¿Es así de profundo lo que sucede?

  • Eso es lo más curioso, no es trascendental en absoluto, en términos generales soy bastante…dichoso, simplemente es un sentimiento que me acompaña de vez en cuando.

  • Y por tus racionales medios pensás acabarlo, o mejor aún, pensás construirte otro palacio de comodidad con tus argumentos y sentarte a descansar.

  • Al principio supuse que así podría hacerlo, pero no puedo definir lo que sucede, nada en mi vida marcha mal, quizás ese es el problema, que todo lo que he deseado se cumple, pero al final queda siempre un sentimiento de vacío, una sospecha de rutina.

  • Entonces no hay nada que podás hacer por el momento, a seguir dando vueltas en la rueda y esperar porque alguien se apiade y abra la puerta, aunque eso me parece el eterno deseo por la Arcadia

  • No, tampoco, no espero que abran la puerta para liberarme en medio de un pasto verde con mucha comida, simplemente espero que abran la jaula.

  • ¿Y si el malvado infante te arroja por la ventana?

  • Pues al menos será un cambio – Dijo el hombre bajito mientras terminaba su café y se levantaba, afuera en la calle, un autobús se había detenido. Bueno, quizás lo alcance, nos vemos mañana.

Posted by: amurillo | June 1, 2009

A propósito del crepúsculo

De nuevo un post en el blog, pido disculpas por mi tiempo de inactividad,  al fin terminé el informe de tesis y otros asuntos que tenía pendientes, esta semana tengo más tiempo para escribir.

Estos son días para plantearme preguntas vinculadas conmigo, preguntas que no pueden ser respondidas a la ligera. Preguntas que evolucionan mientras pasan los días. Preguntas que incluso se manifiestan en nuestros sueños a través de imágenes confusas o nítidas según la dieta de la noche anterior. Hoy, una de esas preguntas continúa el ascenso por su propia escalera evolutiva a propósito de un artículo de revista que me llegó por casualidad (casualidad se le puede llamar a que tu mejor amiga encuentre una edición de una revista y te la regale porque conoce tus gustos).

El artículo es uno de la edición No 890 de la Gaceta. Se llama “5 razones para leer a crepúsculo” y es escrito por Ricardo Silva Romero. No voy a comentar acerca de la saga de vampiros romanticones y que brillan bajo la luz del sol, porque no he leído los libros y tampoco me interesa hacerlo. Puntualmente, una de las frases mencionadas por Ricardo Silva me hizo regresar a una de las preguntas descritas anteriormente. Silva menciona:

“A sus 36 años, ha conseguido lo que muchos escritores veteranos sueñan: lograr que 42 millones de personas, en 39 países se hayan llevado a casa un libro suyo”

Mi punto de vista, luego de leer todo el artículo, es que el comentario tiene una interpretación meramente comercial, es decir que la señora logró vender 42 millones de copias y ese es el sueño de muchos escritores veteranos. Ese comentario me hizo volver sobre la siguiente pregunta ¿Cuál es la finalidad del escritor?

Quiero empezar diciendo que la literatura para mí, al ser una manifestación artística, es puramente subjetiva y personal, confundirla con un negocio me parece algo grotesco y degradante. Como tal, no creo que muchos escritores decentes se planteen como meta hacerse millonarios con sus libros, no me malinterpreten, no estoy estimulando una especie de altruismo editorial, tan sólo que no creo que el dinero sea la motivación a la hora de escribir.

El ejercicio de escribir nace de un profundo rechazo hacia la realidad que nos rodea, pero no es un rechazo circunstancial, es algo que va más allá, algo directamente relacionado con nuestra vida y nuestro ser. Ese rechazo es la clave de todo, allí subyace el deseo imperante de crear una realidad alterna, una realidad para ver lo que no es posible ver a través de los ojos, para mostrar lo que su cotidianidad no alcanza a abarcar, para mostrar las características de nuestra personalidad que quedaron dormidas u ocultas. Al escribir liberamos nuestros propios demonios y querubines, al escribir nos liberamos de todo lo que nos rodea, sentimos que nos alejamos de esta cotidianidad simple y gris y nos acercamos un poco más a nuestra verdad fundamental, a un cuarto escondido en nuestra alma que esconde lo profundamente verdadero. Pero escribir también es un camino tortuoso, esas imágenes que nos impulsan a escribir, esa realidad que vivimos en algún sueño o que se nos presentó mientras caminábamos por allí. Esa realidad que puede llegar a ser tan bella, que la sentimos así de viva no somos capaces de plasmarla enteramente. De esos instantes está llena la historia de nuestra literatura, de sospechas de que algo quedó por decir, algo que aún no logramos expresar y se queda detrás del muro de letras que hemos construido.

El afán fundamental del escritor, es tratar de plasmar lo que sus otros ojos han visto, y hacerlo de la mejor forma posible, no de la forma más entendible, no de la forma más bella, sino de una forma completa, de una forma que abarque la realidad que ha percibido.

Escribimos entonces para dar testimonio de nuestra realidad, pero también escribimos para tratar de comprender lo que vemos, la forma como vemos. No escribimos para enriquecernos, vender lo escrito es una consecuencia de la sociedad actual, no un propósito inicial. No creo que el objetivo de muchos escritores veteranos sea llegar a millones de lectores vendiendo sus libros, yo creo que el sueño de ellos es el día en que no tengan que escribir más, simplemente porque ya no es necesario.

Posted by: amurillo | May 13, 2009

Desencuentros

Han sido días tensos, en medio de la realización de mi informe final de tesis me ha sido complejo escribir, mucha ingeniería, demasiado código que me temo puede llegar a cercenar algunas ideas que rondan mi cabeza. Sin embargo, hoy por fin recibí algo que esperaba hace bastante, son dos cuentos escritos en el 2008 para una versión del concurso literario de palabras autónomas. Por las mismas razones mencionadas anteriormente no participé en esta versión.

Considero que mi literatura no debe ser buena, aún estoy muy joven en este oficio y claro, también en la vida como para hacer algo decente y Andrés Caicedo? El tipo es punto aparte, estaba obsesionado…él es un genio. Sin embargo este es uno de los cuentos que más me gusta, uno de mis favoritos, juzguen ustedes.

Por cierto, cuando creaba al personaje femenino se me vino a la mente el personaje de Alejandra Vidal, de una novela de Ernesto Sábato, lo de enfermera debió ser una casualidad, algo asociado con esa temporada, el otro cuento para el concurso “Ïnocentes” también tiene a una enfermera, casualidades dicen algunos.

Desencuentros

Desencuentros

Al principio se cree que matar es algo divino, privilegiado. Profanar la sagrada ley, palpar todo el valor de la vida con una mano, observar un poco a la víctima mientras disfruta el precioso regalo por sus últimos instantes, todo eso gracias a nosotros. Todo eso lo hace sentir a uno poderoso, invencible, como si una oscura misión nos fuera encomendada por quién sabe qué fuerza del destino. Por esa creencia muchos han caído, el orgullo les ha pesado tanto que mientras lo sostenía, les han disparado por la espalda, o la policía ha hecho de las suyas con ellos, conocí casos de cerca. Jóvenes como yo, defraudados de una sociedad que arroja todo su lodo sobre nosotros y encima se caga de la risa y nos inculpa. Jóvenes que ante la posibilidad de responder contra todo eso y un arma en la mano no han reaccionado de la forma esperada.

Pero todo eso al principio, luego hay una coraza que lo cubre a uno, un dolor que le enseña. Se pierde el encanto de todo, pero se gana frialdad, se comprende que después de todo, esto es un negocio. Si se sobrevive hasta ese tiempo, todo puede marchar bien, los tipos dejan de ser humanos para convertirse en clientes, o sujetos o como los quiera llamar. Como puede ver, llevo algún tiempo ejerciendo, aquí se aprende el valor de la vida, de la familia, por eso toca aislarse, renunciar a algunas cosas ¿Y por qué no? Esconderse.

Me asomo con precaución a la ventana. La calle completamente desierta en medio de esta horrible noche, no hay una sola señal que indique que se aproximan. “No, quizás tarden más en encontrarme”. El gordo amarrado a la silla sigue mis movimientos con desesperación, con miedo, antes, en otros momentos, me habría alegrado esa mirada de terror, pero ahora no, porque este es otro riesgo que he tomado, uno quizás mucho peor. “Un rehén siempre sirve” solían decir algunos conocidos. Si son policías quizás, siempre he pensado yo, quizás la mínima posibilidad de escape para luego una persecución mayor, pero bueno…por ese lado queda al menos la oportunidad de vivir otro día, de sentir de nuevo este músculo latiendo con la alegría de aún estar allí, a pesar de estar en medio de todo esto.

No hay reloj en el cuarto, pero pueden medirse las horas por el cansancio en el rostro del gordo, lentamente su estado de vigía cede ante la resignación, aunque tampoco es tan tarde como para que amanezca. Según mis cálculos poco después de que amanezca deben llegar los dueños de los locales cercanos, en ese momento, aprovechar los primeros clientes para pasar desapercibido. Así gano otro día y la oportunidad de ver a Alejandra de nuevo. Me siento al lado de la silla, todo esto comienza a cansarme a mí también, no, no mantenerme atento, después de todo, otro día de trabajo.

-Sin embargo no siempre me ha gustado este negocio – El gordo levanta la mirada para observarme mientras hablo, tiembla – Antes, yo pertenecía a ese grupo de los que creen que la honradez y el trabajo le sirve a los pobres, yo era de los que creía que el estudio lo salvaba a uno de todos los males. ¿Por qué me mira así? Hace mucho, cuando terminé el bachillerato y me negaron el cupo para la pública, decidí encerrarme durante mucho en las bibliotecas, me sentía especial en medio de tantas ideas, yo, que era alguien iletrado, pobre y resentido, sin embargo la dicha no duraría mucho.

Por esos días mi madre empeoró de su enfermedad, pasaba casi todos los días en el hospital, yo tenía que cuidarla y por eso no volví a la biblioteca. Además, con la falta de atención hacia mi madre por parte del hospital, me comenzaba a hartar de todo, parecíamos mendigos en ese lugar. En una de esas tardes conocí a una de las enfermeras de turno, una mulata bajita de rostro hermoso y culo prominente, desde la primera vez que la vi me cautivó. Siempre parecía tener el control, me gustaba su tono de voz, pero ya sabe, cuando nos gusta alguien comenzamos a ver cosas que quizás no son o no entendemos. De todas formas sus ojos me parecía que guardaban una melancolía casi insoportable, una esperanza perdida hace mucho tiempo. Con todas las visitas que hacía a mi madre tuve oportunidad

de hablarle en muchas ocasiones, su nombre es Alejandra.

Durante la primera vez que hablamos hubo una conexión especial, su falta de fe y mi creciente resentimiento parecían contrastarse en cada uno de nuestros besos, en cada caricia descendente a través de su ardiente cuerpo, incluso en su aliento fuerte en las silenciosas noches del hospital. Noches donde en un cuarto de servicio nos moríamos de placer con silencios entrecortados, mientras en algún cuarto de al lado alguien moría de verdad con un prolongado suspiro.

Mi alegría por Alejandra parecía mezclarse con mi tristeza por mi madre y sólo me quedaba un sentimiento seco, algo frío que se anidaba en el corazón y me nublaba la vista. Sentía un frenético deseo de buscar a Alejandra, de usarla como escape a tanto dolor. Mis acciones comenzaron a tornarse erráticas, el placer de tenerla cerca se unía a la humillación de no hacer nada por salvar a mi madre y al final terminaba todo el día en el hospital hablando cualquier cosa con mi madre. Otros días recorría las calles sin rumbo fijo, en algunas noches me entregaba a los peores excesos, todo a expensas de mis amigos. No sé por qué le cuento esto, no crea que eso mejora su condición, en este momento no hay ningún sentimiento bueno o útil hacia usted. Quizás sólo deseo contárselo a alguien, a cualquier indefenso, a alguien que no pueda hacer nada el respecto.

Alejandra era la vida en esos días, lo único que mantenía en pie mi ser. Era la única forma de hallar calma en medio de todo eso, en las noches la amaba con violencia, de forma convulsionada, casi histérica, para luego permanecer en largos lapsos inmóvil y frío en sus brazos. Nunca me pregunto nada, nunca me dijo nada de su vida, era una enfermera, mi amante y nada más. En medio de todo eso, una mañana de Octubre, mi madre murió en el hospital sin que yo pudiera llegar a tiempo. Nunca me despedí de Alejandra. No la había vuelto a ver, hasta esta noche

El hombre me mira consternado, sus ojos muy abiertos escrutan mi rostro, se fijan en mi mirada, luego se calma, parpadea un poco y sigue mirándome. Enfurezco.

-No trate de comprender maldito imbécil! – El eco de mi grito resuena por toda la casucha, al igual que el golpe seco que recibe el tipo en su frente con mi arma, cae al piso, sangra. No trate de entender lo que sentí al dejarla así! No trate de pensar que viví hoy cuando la volví a ver, cuando comprendí quién era mi víctima, mi cliente. No trate de imaginar lo que pensó ella cuando no atiné a nada más que a balear a su inepto acompañante, luego la torpeza de intentar besarla, de salir corriendo de allí y toparme con usted en la puerta del restaurante. No intente explicarme, ni hallarle algún sentido que lo consuele, porque ya no importa. – Mis ojos se encuentran llenos de lágrimas, respiró profundamente, el tipo tiembla, deja de mirarme y cierra los ojos, me acerco a él, pero algo me detiene.

Me asomo cautelosamente a la ventana, ruido de motos aproximándose por la otra calle. “uno solo ahora, pero después vendrán otros” pienso enfurecido “nadie, nadie puede hallar una asignación, esa es nuestra única y maldita regla en medio de tanta basura”.

Esperanzado, el infeliz me mira de nuevo.

Señora, ya han mandado a alguien por mí” – afirmo mientras le apunto en la frente aún sangrante.

-”Puede hablar si quiere, puede gritar si le da la gana, ahora da lo mismo, no lo necesito más”. Después de halar el gatillo, un ruido familiar y alguna vez exquisito inunda la habitación. De repente siento un golpe en mi espalda, un profundo cansancio, frío en mis extremidades y una punzada en el pecho “Así es la vida, supongo” atino a decir en medio de mi propio charco de sangre. Mientras cierro los ojos, una mujer me sonríe.

Posted by: amurillo | April 28, 2009

Bella durmiente

Un cuento un poco viejo, he corregido algunos detalles.

Bella durmiente

Entro en la habitación y se sentó al borde de la cama. Había sido un día duro en el trabajo, deseaba poder conversar un poco con ella y relajarse, sin embargo ella dormía implacablemente a su lado. La observó durante largo tiempo y acaricio su rostro. Se dirigió a la cocina a preparar algo de comer. Al parecer ella había tenido también días pesados, parecía que todo el día había dormido. N. Preparó algo de comida para ella, quizás se levantara durante la noche y tendría hambre. Después de comer se sentó de nuevo en la cama y siguió observándola, ansiaba besarla en los labios, sentir la ternura de sus caricias y la suavidad de su voz, pero le parecía un poco agresivo besarla y acariciarla mientras dormía. Se desvistió y acostó a su lado, la rodeó con su brazo. La contempló durante largo tiempo, desde hacia mucho temía perderla. Últimamente su relación no parecía pasar muy buenos momentos, el sueño de cristal construido con la fuerza de su amor parecía derrumbarse, ante la impresionante fuerza del desencanto y la realidad. Azarosamente habían intentado en las últimas semanas rescatar lo mejor de su tiempo más feliz juntos, pero en el intento habían  corroído los gratos recuerdos que mantenían de esas épocas, ahora parecían inalcanzables. Eran intentos lamentables, ambos, desesperados, intentaban forzar los lazos de su amor, intentaban replicar las situaciones en las que se habían encantado mutuamente, hablar en el mismo tono de voz, replicar la luz de sus miradas, sonreír con la misma intensidad, pero todo era en vano, todo parecía una parodia estúpida y deprimente de su pasado feliz. En esos intentos sus últimas esperanzas eran depositadas en el sexo, pero resultaba aún más triste, bajo tal presión ni siquiera el orgasmo físico parecía llenar el vacío profundo de su alma y la necesidad de amor puro. Deprimidos se quedaban en silencio después de separarse, observándose inútilmente, tratando de tender un puente entre sus almas, pero parecía como si se vieran por primera vez, no existía ninguna reacción interior, sólo frío e impersonalidad.

Cansado se durmió rápidamente, deseando encontrarse con su amada en sueños y poder hablar con ella, ya que en la realidad parecía ser completamente impenetrable.

Al día siguiente mientras se dirigía a su lugar de trabajo, al cruzar la avenida, recordó cierta cita que había tenido con ella, mucho tiempo atrás. Eran tiempos difíciles para ambos, llenos de tensiones y preocupaciones, pero su compañía mutua era tan significativa que les otorgaba la fuerza necesaria para sonreír ante la adversidad. Era una tibia tarde Agosto, el sol moría lentamente bajo las antiguas montañas, juntos, caminaban por una avenida principal de la ciudad. El mundo parecía joven y vitalizado visto desde sus ojos, el tráfico lento en la avenida, el rostro, increíblemente sonriente, de los vendedores en las calles, el mecer de los árboles todo se movía en armonía y ellos, tomados de la mano, bebían del elíxir de su felicidad. Habían almorzado juntos y ahora disfrutaban de la tarde caminando por la ciudad. ¿Adonde habían ido a parar todas esas promesas?

Mientras caminaba se pregunto si cuando dormía soñaba con él, también cruzó por su mente el pensamiento de que quizás dormía precisamente para alejarse de él. Angustiado, corrió a casa.

Al entrar en la casa y aproximarse a la cama, allí estaba de nuevo ella, tumbada sobre la cama. La sacudió fuertemente y llenó de besos su rostro, su frente, su cuello, le susurró al oído que no quería perderla. Nada, nada absolutamente nada, después de tanto tiempo juntos tan sólo obtenía un silencio implacable. Lleno de impotencia se arrodilló a su lado a llorar. Su amor no terminaba en una infidelidad, ni en una discusión, ni siquiera en el olvido, sino en el silencio presente entre los dos. De nuevo observó su rostro y se preguntó por qué no despertaba, se acercó a ella y en un intento inútil por sentirse consolado apretó su cuerpo contra el suyo, a lo lejos sonaban sirenas aproximándose.

Un temor profundo comenzó a vagar por su interior, instintivamente, salió de la habitación y apagó todas las luces. Esperó, el sonido parecía acercarse más. Desconsolado, se tendió sobre ella.

Un golpe seco en la puerta, sus ojos desorbitados de terror evitaron mirar en esa dirección. Escuchó pasos, voces, una voz en particular lo llama, le ordena algo. Se abraza fuertemente a su amada, horrorizado, siente  como varias manos ásperas y decididas lo toman por la espalda. “No ahora no, por favor, piensa”. Las manos lo intentan alejar de ella, él forcejea, grita, recibe como respuesta varios golpes y una frase que penetra en sus oídos y rompe su manto de sueño en sus últimos días. Reconoce una insignia común en los uniformes de los hombres, vencido se arroja al piso como le ordenan. Ahora lo recuerda, todo está claro, una lágrima gélida y salada resbala por su mejilla, un pesado aire se encaja en su pecho y extingue la luz de su vida para siempre, sí ella sigue fría y él por primera vez ha sentido la fetidez de su cuerpo.

Posted by: amurillo | April 28, 2009

Gastronomia moderna

Seguramente todos hemos compartido mucho con uno que otro ulluco, sólo que nunca nos hemos percatado muy claramente de ello. No hablo de los ullucos que se dejan cocinar tranquilos y ofrecen las bondades de su alta humedad para una buena sopa o crema. Esos ullucos normalmente pálidos o flácidos tienen muy poco que ofrecer a nuestras vidas. No hablo de esos entonces, hablo de aquellos que se aferran furiosamente a los bordes de las ollas y que se queman al pasar apenas unos cortos instantes bajo el fuego.

Estos ullucos, normalmente de color ligeramente más oscuro e incluso más grandes, son excelentes para salir a pasear con ellos un día soleado. En estas circunstancias pueden ofrecer muchísimos temas de conversación tan variados como las propiedades mismas de la tierra o un gato que salta y todo vibra. Cuando se camina al lado de un ulluco, es muy normal que las demás personas al verlo lo confundan con algo más, ya que cuando se emocionan y caminan, normalmente suelen estirar sus raíces hasta proporciones muy cercanas al suelo, de esta forma asemejan mucho a un par de piernas que van a la par con nosotros.

En caso de que los dejemos solos por un rato siempre parecen mostrar la peculiar tendencia de buscar un descanso en las escaleras y quedarse allí por largos ratos mirando el horizonte. En esas condiciones es muy fácil que su color rosado se confunda con el color ladrillo de la mayoría de descansos de escaleras de esta ciudad. Por esa razón mueren a diario muchos ullucos bajo los inocentes y apáticos pies de los transeúntes. Desafortunadamente nadie se ha interesado en este tema como para medir la magnitud de tal calamidad. Cuando se plantean propuestas para realizar tales mediciones los oficinistas argumentan que es irrelevante porque son mucho mejores las propiedades gastronómicas de los ullucos. Imagino que tales oficinistas siempre se han dedicado a cocinar como es debido sus ullucos y pasar posteriormente a digerirlos sin más, sin siquiera pensar en la posibilidad de sacar uno de esa olla y guardarlo en un bolsillo un rato para que se anime y comience a andar. En todo caso, en premiaciones como la de ayer, ayer que fue un día lluvioso, fue muy conveniente que el ulluco se mantuviera aferrado a mi piel dentro del bolsillo mientras pronunciaban mi nombre. Claro que sospecho que uno de los oficinistas adivinó la causa de mi alegría por ciertos pliegues inconvenientes en mi pantalón, es por eso que el día de hoy he decidido dejarlo en casa y sólo por si acaso he cerrado las ventanas y encerrado al gato.

Posted by: amurillo | April 27, 2009

La red global

Un nuevo post luego de mi ausencia por casi dos semanas. No sólo estuve algo ocupado, sucedió algo con mi computador y escribir en uno ajeno resulta impresionantemente incómodo, muy curioso la verdad.

Les traigo una pequena (ven?) reflexión acerca de Internet, es sólo un boceto, espero ampliar más sobre el tema en próximas ocasiones. Espero sus comentarios, me ayudan muchísimo a continuar

Esta reflexión surgió cuando me uní a twitter, pueden visitar mi perfil en www.twitter.com, mi usuario es AFMurillo

La red global

El hombre es un ser social por naturaleza. Comunicarnos es una acción intrínseca a nuestras vidas. A través de miles de años hemos establecido sociedades que han prosperado y evolucionado en estructuras cada vez más complejas. La evolución de estas sociedades se ha visto marcada por el ritmo al que viaja la información en su interior. De esta forma, la aparición de la imprenta en su época representó un punto de apoyo para los profundos cambios culturales y sociales que se presentarían durante el renacimiento. Con la explosión del desarrollo tecnológico del siglo pasado también ocurrió una revolución tecnológica que permitió la aparición de una revolución en la información, estoy hablando de Internet, la red de redes. Internet nació inicialmente como un desarrollo militar en tiempos de la guerra fría, pero ahora conecta a millones de usuarios de todo el mundo.

Permanecemos conectados a través de la red, es un canal de información importantísimo en la vida de miles de personas. Aún no alcanzamos a imaginar los alcances de una red que nos permita conectarnos de esa forma. No alcanzamos a imaginar tampoco los alcances de las redes sociales que se tejen debajo, o por encima, de nuestras redes sociales tangibles. En Colombia tenemos un caso particular para citar, la marcha más grande convocada hasta el momento en contra de las FARC se realizó precisamente usando una de esas redes.

Personal y subjetivamente esta red es la máxima expresión del sentido de comunicación de los hombres, es uno de los logros más grandes de la humanidad y sin duda alguna, un punto de quiebre en nuestra historia también. No podemos negarlo, hay una red que se teje debajo de nuestras sociedades y nos mantiene comunicados, quizás a un nivel primitivo y precario, pero son sólo nuestros primeros pasos. La red mundial, esta hija de la humanidad, está evolucionando.

Y ustedes, para qué usan a la red mundial?

Posted by: amurillo | April 12, 2009

Álbum Personal III

Al interior de sus carbones, entre el polvos y la ruina de la luz pasada, mantiene viva su voluntad.

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Caminos como este suelen llevarnos a distintos lugares, premeditados o accidentales. Sin embargo, lo más valioso es que mientras caminamos en línea recta sobre el pavimento, nuestra mente divaga en espiral en torno a temas quizás mucho más trascendentes.

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Ambos éramos caminantes. Pobres de aquellos a los que la velocidad les había arrebatado las verdaderas alas.

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Posted by: amurillo | April 12, 2009

Pasión

“¡Te amaré por toda mi vida!” Dijo él, lanzando una exclamación que retumbo por las paredes desgastadas y el salón casi sin muebles. “¡Este cuartucho se convertirá en nuestro edén de amor!”. Se acercó lentamente, observando sus curvas, su fino cuerpo, saboreando por anticipado sus bálsamos, la tomó en sus brazos y cerró los ojos.

Al rato…

Se acostó en el suelo y dejó caer, extasiado, la jeringa en el suelo.

Posted by: amurillo | April 12, 2009

La sonrisa tras el perdón

Acercó lentamente su dedo al labio de Diana, ella guardó silencio y trató de evitar que más lágrimas siguieran escapando de sus ojos. Marcos acerco su rostro y sonrió: Por supuesto que la perdonaba, como no hacerlo si la amaba tan intensamente, como no hacerlo si ella se había convertido en el norte de su existencia. Los ojos de Diana volvieron a brillar y sin vacilar lo abrazó fuertemente, esta vez no pudo reprimir el llanto.

En el suelo yacían las prendas de cada uno. Ellos forcejeaban dulcemente y se susurraban obscenidades tiernas. Él, complaciente deseaba ayudarla a olvidar su error. La acariciaba suavemente y se hundía en sus ojos mientras suspiraba de placer. Él había sentido su mundo derrumbarse al conocer la infidelidad de Diana con otro hombre hace una semana. Se había arrojado por precipicios oscuros llenos de alcohol y desesperanza. Había llorado en noches que parecían interminables. Esas noches ahora le parecían alegremente remotas, mientras observaba a Diana entornar sus labios y sonreir. Marcos se acercaba al final y comenzaba a moverse más vigorosamente. Por supuesto que la perdonaba, de eso también se trataba el amor. Cuando el final se hacía inevitable Marcos le susurró al oído:

“Claro que te perdono, pero tengo algo que confesarte también, en esta semana conocí a alguien y verás creo que estoy contagiado”.

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